En este día que llora,
Una de sus lágrimas purifica
Mi alma oscura,
Dejándola diáfana y blanca.
Ese bautizo de energía
Me hizo levitar,
Tanto que una estrella que fugazmente huía,
Pude tocar y acariciar
Me acomodé en su regazo
Y la acompañé en su trayecto frío.
Quedé deslumbrado por el trazo
Que dejaba su brío.
Me di cuenta que en su travesía
Dejaba detrás de ella partículas de su ser,
Ese polvo mágico, que hacía,
Al contacto de cualquiera florecer.
Aunque poco a poco su existencia disminuía,
Su visión era cada vez más brillante.
Y descubrí su esencia, esa alegría
De Dar y Dar para sembrar en el alma de cada ente:
LA FELICIDAD
Que anhelamos
Y LA VERDAD
Que necesitamos…
Bruno VIÑAS